sábado 30 de agosto de 2008

sembrando

Hace mucho que no escribo, y eso es un error, porqué escribir, (sea aquí o donde se quiera) siempre ayuda mucho a volcar algo de nuestro pensamiento y reflejarlo en un lugar, de manera que podemos llegar a conocernos a nosotros mismos un poquito... porqué quien crea que se conoce a si mismo, estará claramente mintiendo.

Ayer, día de casualidades,

día de cortarse el pelo, día de topar con algo inesperado y disfrutar con ello, caminar arriba y abajo, buena compañía, una sonrisa tras una reflexión, y una mirada perdida después de un recuerdo amargo y una supuesta lección aprendida.

Comida para llevar, viajes inacabables y juegos de cartas, picardía en la jugada, y una nueva sonrisa tintada de algo remotamente parecido a la complicidad, que mas bien sería definido como sentirse a gusto.

Encuentros y varias palabras vacías a quien las merece, embriagarse en cada nota escuchada y que, sin avisar, viaja por cada rincón de ti mismo. Pensar, y encontrar que el pensamiento se ha vuelto borroso. Descansar y rozar el sueño por unos instantes hasta que de un golpe vuelves a donde estabas.

Sentir la contradicción en su máxima esencia, sentirse demasiado libre y cansada para que la inseguridad, el miedo y la prudencia pudiesen poner barrera a un abrazo, pero mantener una imbatible sensación de inquietud.

Plantearse cuantas veces se puede ir al baño en una noche, y desear fervientemente ser un hombre en ocasiones. Seguir caminando, perder dinero por beber con los ojos y acabar tirando un cóctel infumable por una triste alcantarilla. Delirios en la madrugada, cabezadas y entre todo ello, alguna que otra charla agridulce.

“me caes bien” y como respuesta un silencio que denotaba que las ultimas fuerzas eran necesarias para regresar.

Volver a casa a la salida del sol, como si de un licántropo al que se le agotó la luna se tratase y caer en un profundo sueño.

El tintineo de un cascabel y una reflexión simple, pero no por ello menos valiosa.

Quiero mas noches como esta